Recuerdo ese kitsch (*) casi entrañable de los interiores domésticos de las primeras películas de Almodóvar, de los sencillos tapices con escenas de caza que adornaban las salas de casas que de niño visitaba, los humildes cuadros de bodegones y de gitanas modelo Romero de Torres que inundan todavía mercadillos comarcales de domingo, los muros “rústicos” o los capiteles griegos de tantos porches costeros con la vana pretensión de crear una imagen de rancia estirpe quedándose en una realidad de estirpe rancia.
Pues bien, ese kitsch va a ir desapareciendo para ceder el espacio al kitsch fashion de nueva generación.
Y eso que aún no ha sido asimilada la palabra “diseño” que obliga a todo buen vendedor a ofrecer un artículo especificando que es “de diseño” con lo cual evidencia su absoluta ignorancia del término pues “de diseño” lo es todo lo que forma parte de un proceso de proyecto y fabricación. Y como en todo, hay diseños buenos y diseños malos pero no hay objetos “de diseño” u otros carentes de él.
La creación artificial de modas, admitida en el vestir, ha llegado por fin a espacios con un tempo tradicionalmente más reposado. Recuerdo una aficionada a la arquitectura que me informó amablemente de que había leído que el minimalismo ya no se llevaba, que ahora lo último era lo étnico.
Pues bien, ese kitsch va a ir desapareciendo para ceder el espacio al kitsch fashion de nueva generación.
Y eso que aún no ha sido asimilada la palabra “diseño” que obliga a todo buen vendedor a ofrecer un artículo especificando que es “de diseño” con lo cual evidencia su absoluta ignorancia del término pues “de diseño” lo es todo lo que forma parte de un proceso de proyecto y fabricación. Y como en todo, hay diseños buenos y diseños malos pero no hay objetos “de diseño” u otros carentes de él.
La creación artificial de modas, admitida en el vestir, ha llegado por fin a espacios con un tempo tradicionalmente más reposado. Recuerdo una aficionada a la arquitectura que me informó amablemente de que había leído que el minimalismo ya no se llevaba, que ahora lo último era lo étnico.
Hasta ahora, los dos campos, el de la calidad y el de la imitación estaban separados y se repartían amigablemente los mercados. Pero ahora, la ley inexorable de los mismos ha creado una revolución cultural propiciada por los mercaderes que, deseosos de una rentable renovación constante y advirtiendo que los clientes de lujo se decantaban por la calidad (a excepción de folclóricas y toreros), han logrado apropiarse del término “de diseño” pero dotándolo de valores añadidos como “recuperación de estilos”, “renovación conceptual” y “nuevos materiales” (al servicio de viejas ideas).
Ni siquiera “lo cursi” (**) estará libre de peligros pues las delicadas y tiernas pastorcillas de Lladró deberán adaptarse a los nuevos tiempos. El filósofo Xavier Rubert de Ventós definía lo cursi como "una de las posibles formas en que precipita el mal gusto consistente en la utilización de objetos o modelos de comportamiento de un valor expresivo o simbólico socialmente reconocido. Son cursis, en nuestro mundo casi inevitablemente, las ceremonias en las que se cumple un ritual con ilusión de originalidad: cursi es casi toda la terminología amorosa, la retórica del pulpito, la poética de aniversario, los discursos de los políticos.”
En un cuaderno de bitácora ("Luna de papel") se añaden consideraciones interesantes: "Cursi es el acto y el modo de llevar una peineta y no la peineta, cursi es la forma en que damos solemnidad a nuestras casas poniendo el cuadro de la ultima cena de Miguel Ángel en el comedor y no el cuadro mismo, no es cursi cumplir quince años, cursi es bajar a la apanicada niña del segundo piso del salón en un columpio bordado de rosas blancas entre nubes color violeta".
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(*) La palabra kitsch se origina del término alemán yidis etwas verkitschen. Define al arte que es considerado como una copia inferior de un estilo existente. También se utiliza el término kitsch en un sentido más libre para referirse a cualquier arte que es pretencioso, pasado de moda o de muy mal gusto. (Wikipedia)
(**) Dicho de una cosa que, con apariencia de elegancia o riqueza, es ridícula y de mal gusto (D.R.A.E.).
BIBLIOGRAFÍA: Cualquier número de la revista ¡Hola!
(**) Dicho de una cosa que, con apariencia de elegancia o riqueza, es ridícula y de mal gusto (D.R.A.E.).
BIBLIOGRAFÍA: Cualquier número de la revista ¡Hola!





