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lunes, 19 de enero de 2009

KITSCH de nueva generación

Recuerdo ese kitsch (*) casi entrañable de los interiores domésticos de las primeras películas de Almodóvar, de los sencillos tapices con escenas de caza que adornaban las salas de casas que de niño visitaba, los humildes cuadros de bodegones y de gitanas modelo Romero de Torres que inundan todavía mercadillos comarcales de domingo, los muros “rústicos” o los capiteles griegos de tantos porches costeros con la vana pretensión de crear una imagen de rancia estirpe quedándose en una realidad de estirpe rancia.

Pues bien, ese kitsch va a ir desapareciendo para ceder el espacio al kitsch fashion de nueva generación.

Y eso que aún no ha sido asimilada la palabra “diseño” que obliga a todo buen vendedor a ofrecer un artículo especificando que es “de diseño” con lo cual evidencia su absoluta ignorancia del término pues “de diseño” lo es todo lo que forma parte de un proceso de proyecto y fabricación. Y como en todo, hay diseños buenos y diseños malos pero no hay objetos “de diseño” u otros carentes de él.

La creación artificial de modas, admitida en el vestir, ha llegado por fin a espacios con un tempo tradicionalmente más reposado. Recuerdo una aficionada a la arquitectura que me informó amablemente de que había leído que el minimalismo ya no se llevaba, que ahora lo último era lo étnico.

Hasta ahora, los dos campos, el de la calidad y el de la imitación estaban separados y se repartían amigablemente los mercados. Pero ahora, la ley inexorable de los mismos ha creado una revolución cultural propiciada por los mercaderes que, deseosos de una rentable renovación constante y advirtiendo que los clientes de lujo se decantaban por la calidad (a excepción de folclóricas y toreros), han logrado apropiarse del término “de diseño” pero dotándolo de valores añadidos como “recuperación de estilos”, “renovación conceptual” y “nuevos materiales” (al servicio de viejas ideas).

Ni siquiera “lo cursi” (**) estará libre de peligros pues las delicadas y tiernas pastorcillas de Lladró deberán adaptarse a los nuevos tiempos. El filósofo Xavier Rubert de Ventós definía lo cursi como "una de las posibles formas en que precipita el mal gusto consistente en la utilización de objetos o modelos de comportamiento de un valor expresivo o simbólico socialmente reconocido. Son cursis, en nuestro mundo casi inevitablemente, las ceremonias en las que se cumple un ritual con ilusión de originalidad: cursi es casi toda la terminología amorosa, la retórica del pulpito, la poética de aniversario, los discursos de los políticos.”

En un cuaderno de bitácora ("Luna de papel") se añaden consideraciones interesantes: "Cursi es el acto y el modo de llevar una peineta y no la peineta, cursi es la forma en que damos solemnidad a nuestras casas poniendo el cuadro de la ultima cena de Miguel Ángel en el comedor y no el cuadro mismo, no es cursi cumplir quince años, cursi es bajar a la apanicada niña del segundo piso del salón en un columpio bordado de rosas blancas entre nubes color violeta".
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(*) La palabra kitsch se origina del término alemán yidis etwas verkitschen. Define al arte que es considerado como una copia inferior de un estilo existente. También se utiliza el término kitsch en un sentido más libre para referirse a cualquier arte que es pretencioso, pasado de moda o de muy mal gusto. (Wikipedia)

(**) Dicho de una cosa que, con apariencia de elegancia o riqueza, es ridícula y de mal gusto (D.R.A.E.).

BIBLIOGRAFÍA: Cualquier número de la revista ¡Hola!

domingo, 21 de diciembre de 2008

Chillida o el espacio


“Un día soñé una utopía: encontrar un espacio donde pudieran descansar mis esculturas y que la gente caminara entre ellas como por un bosque”

Se ha cumplido el 30 aniversario del Peine del Viento, grupo de esculturas realizadas y colocadas en la costa de Donosti, por Eduardo Chillida, el escultor del espacio. Sus esculturas no son únicamente formas y materiales. Son, para mí, creaciones de espacio en su interior o, como en el caso de este Peine del Viento, transformación del espacio entre ellas y el entorno.

"Desde el espacio con su hermano el tiempo, bajo la gravedad insistente, con una luz para ver como no veo, entre el ya no y el todavía no fui colocado. El asombro ante lo que desconozco fue mi maestro. Escuchando su inmensidad. He tratado de mirar, no sé si he visto."

El Peine del Viento (Donosti) con el propio Chillida, en la plaza proyectada por Luis Peña Ganchegui
***
"Hace años tuve una intuición, que sinceramente creí utópica.
Dentro de una montaña crear un espacio interior que pudiera ofrecerse a los hombres de todas las razas y colores, una gran escultura para la tolerancia.
Un día surgió la posibilidad de realizar la escultura en Tindaya, en Fuerteventura, la montaña donde la utopía podía ser realidad.
La escultura ayudaba a proteger la montaña sagrada.
El gran espacio creado dentro de ella no sería visible desde fuera, pero los hombres que penetraran en su corazón verían la luz del sol,
de la luna, dentro de una montaña volcada al mar y al horizonte, inalcanzable, necesario, inexistente ..."

Proyecto Tindaya (Fuerteventura)
Ese cubo vaciado mide 50x50x50 m.
Las figuras que se adivinan en la foto dan la proporción real.

El mejor resumen del concepto de su obra está en unas palabras
del poeta Jorge Guillén:

“Lo profundo es el aire”

Matar un adjetivo

Stefan Zweig, que se consideró siempre un ciudadano del mundo, recuerda en sus memorias, "El mundo de ayer", que cuando era joven, a principios del siglo XX, no había un documento que acreditase nacionalidades ni lugares de procedencia; que comerciantes, estudiantes, intelectuales y viajeros iban de Berlín a Londres, de Viena a París, a India o a Estados Unidos sin necesidad de visados. Eran años seguros y felices en los que la clase acomodada viajaba sin trabas.

Los pasaportes son un invento moderno. Pero la idea de pertenecer a una comunidad, a un pueblo, a una nación es antigua, es de siempre. El ciudadano recibe tal nombre porque pertenece a una comunidad. La comunidad le ofrece una lengua, una cultura y una seguridad. El ciudadano crece en esta lengua, actúa y piensa según esta cultura. Defiende su orden y seguridad. Pero las comunidades no son un sistema cerrado. Aceptan nuevos miembros, se nutren de otras literaturas y músicas, se intercambian avances científicos, sienten curiosidad por otras formas de vivir y relacionarse. Aprecian los nuevos sabores, las diversas construcciones y arquitecturas, la variedad de escenarios y recursos que ofrece la naturaleza y las distintas formas de dominarla y aprovecharla. Todo ello es común y habitual? hasta que deja de serlo.

Shylock, el mercader de Venecia de la tragedia de Shakespeare, se convierte en "el judío" cuando su relación con "los nativos" se tuerce. Y cuando esto ocurre se pone en duda no sólo la posibilidad de que el extranjero tenga los mismos derechos, sino que tenga los mismos sentimientos, constitución física y capacidad intelectual. Se le niega su humanidad. Y el lamento rabioso de Shylock grita así: "¿Es que un judío no tiene ojos? ¿Es que un judío no tiene manos, órganos, proporciones, sentidos, afectos, pasiones? ¿Es que no está nutrido por los mismos alimentos, herido por las mismas armas, sujeto a las mismas enfermedades, curado por los mismos medios, calentado y enfriado por el mismo verano y por el mismo invierno que un cristiano? Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos hacéis cosquillas, ¿no nos reímos? Si nos envenenáis, ¿no nos morimos? Y si nos ultrajáis, ¿no nos vengaremos?".

La comunidad, el pueblo, la patria son conceptos por los que hay que pasar de puntillas, despacito y con cuidado. Cuando uno habla de su pueblo, su gente, detrás de este posesivo puede haber acumulada suficiente munición física y emocional como para querer negar la humanidad de quien no pertenece al mismo grupo. Las razones por las que la curiosidad por el otro se truncan y se convierten en un rabioso rechazo pueden ser diversas, pero los síntomas son claros: si nuestra forma de vestir no solamente nos gusta, sino que es la mejor; si nuestra lengua no sólo nos hace vibrar por la emoción del recuerdo de los primeros cuentos, sino que es la más antigua o la más rica y armoniosa; si no se sabe que se quiere lo propio precisamente por serlo, y pensamos que nuestro cariño por lo nuestro se debe a razones objetivas... el conflicto está servido.

Stefan Zweig observa también con un pánico que le llevará al suicidio cómo, con la subida del nazismo, ya no se le reconoce por su forma de andar y de escribir, por sus gustos musicales y sus amistades, por sus caprichos y habilidades, por su vestir pulcro y maneras educadas. Su compleja personalidad queda reducida a un solo adjetivo: judío. Y una vez reducido a tan poco es fácil prescindir de él. ¿Quién no se atreve a matar a un adjetivo y a todos a los que califica?

Este emotivo artículo es obra de Mariona Costa Orfila y apareció publicado en el diario La Vanguardia de Barcelona el 10 de diciembre de 2001.

En homenaje a Stefan Zweig de cuyo nacimiento celebramos su ciento veintisiete aniversario.


sábado, 20 de diciembre de 2008

Andrea Palladio: In memoriam

“La città non sia altro che una casa grande e per
lo contrario la casa, una città piccola”
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Andrea Palladio (Padova 1508 - Vicenza 1580)
. Libro II, capítulo 12
Venezia, 1570

Andrea di Pietro della Góndola, Andrea Palladio, arquitecto italiano del que se ha cumplido el 500 aniversario de su nacimiento en Padova, ha sido uno de los más grandes arquitectos de la historia y, sin lugar a dudas, el que más ha influido, en la arquitectura occidental.

Y rindo, por mi parte, este homenaje a la figura de Andrea Palladio por dos motivos que me afectan profesionalmente:
Es el primer arquitecto en la historia de la Arquitectura cuyos proyectos de villas venecianas y vicentinas son un precedente de los actuales proyectos de viviendas residenciales. Hasta su aparición, la arquitectura, entendida como tal, estaba reservada a los poderes políticos y religiosos.

También fue el primer arquitecto que supo conjugar la cultura de las formas con la consideración de los programas a cobijar. Por un lado poseía un gran conocimiento del mundo clásico y por otro consiguió resolver las necesidades que un programa de vivienda exigía y que, hasta entonces no habían sido consideradas. Ésta es la base de la tradición viva que no se queda en la mera repetición de formas brillantes sino que aporta soluciones a consideraciones técnicas o sociales.

Su influencia en la arquitectura europea, inglesa particularmente, y en la arquitectura americana es inmensa. Los edificios neoclásicos de la arquitectura federal de Estados Unidos tienen una clara influencia palladiana. Ello se debe a que Palladio creó la sabia conjunción, en cada edificio, de las formas arquitectónicas y de la expresión de la civilización conquistada y todo ello en un armonioso equilibrio.
Villa Capra (1566)

Podéis entrar y, al mismo tiempo, veréis crecer un edificio palladiano, en la web creada por el
Comitato Nazionale per il V Centenario della nascita di Andrea Palladio
http://www.andreapalladio500.it/